Gestión de imprevistos – Ocuparse vs. preocuparse

La vida, es ese camino que transitamos (un poco sin ser conscientes de ello, cosa en la que deberíamos trabajar un poco todos) y, como todo en ella, puede ser maravillosa y terrible a partes iguales. ¿Cuántas veces, en el peor momento posible surge el mayor imprevisto posible? Esto es así…nadie dijo que fuera fácil.

Hoy quiero hablaros precisamente de eso…de los imprevistos, problemas, contratiempos…los llamemos como los llamemos, al final se trata de aquellas situaciones que no habíamos previsto (o si, pero no hemos llegado a tiempo para evitarla) y que requieren de una toma de decisión importante dado que, en función de la decisión que tomemos, marcará la diferencia entre el éxito y el fracaso en la superación de dicha situación de “crisis”.

Bien, si ya estamos todos situados, ¡allá vamos!

Ante una situación inesperada, en la que debemos tomar una decisión, lo primero que nos embarga es la preocupación. La preocupación es, básicamente: “Estado de desasosiego, inquietud o temor producido ante una situación difícil, un problema, etc.”

La estrategia para poder gestionar de una mejor forma estas situaciones consiste en no dejar que la preocupación tome el control y no nos permita analizar con objetividad la controversia, sopesar las opciones posibles y sus consecuencias y, una vez el escenario esté lo más clarificado posible, tomar la decisión. Por ello, siempre decimos que, para solucionar este tipo de situaciones, tras la lógica preocupación inicial, lo siguiente que hay que hacer es ocuparse; ocuparse en dar todos los pasos para intentar tomar la mejor decisión o adoptar la mejor solución.

Ante un imprevisto hay que ocuparse y no preocuparse.

Posicionarnos en el modo “ocuparse” hace que, automáticamente adoptemos una proyección emocional positiva dado que hemos pasado de la inquietud a la decisión por intentar solucionar la situación de la mejor forma posible. Y, parecerá una nimiedad, pero, sólo con ese cambio de actitud, ya hemos dado un salto sustancial en nuestro nivel de claridad de visión de la situación. Pasamos de temer a objetivar. El problema sigue siendo el mismo, sigue teniendo el mismo nivel de importancia e impacto, pero nosotros hemos cambiado la actitud y la perspectiva con la que lo miramos y nos enfrentamos a él.

Así que, la próxima vez que nos surja un problema y, de golpe, nuestra mente nos lleve a pensamientos del tipo: “Y ahora ya verás”, “¿Qué vamos a hacer?”, “Esto no tiene solución”, etc. Debemos parar un minuto, respirar profundo y generar pensamientos del tipo: “la situación ya se ha producido y no se arreglará sola, por lo tanto, vamos a buscar soluciones”.

Problemas e imprevistos empresariales los hay de muchos tipos de importancia e impacto y, probablemente, para algunos encontraremos una solución ágil y otros requerirán de una reflexión más profunda. No obstante, a la que adoptemos consciencia de que un problema requiere una solución y sólo obtendremos posibles soluciones si nos ocupamos en lugar de sólo preocuparnos, nuestra forma de enfrentarnos a estas situaciones se irá modelando poco a poco hasta que, al final, será automático.

Disfrutamos escribiendo y compartiendo. No sólo debería tratarse de un “bombardeo” constante con tus productos o servicios. Probablemente más a menudo de lo que pensamos, debería tratarse de establecer un vínculo más especial, más cercano, un vínculo que, más allá de las palabras vacías, aporte valor.

Así lo creemos, así somos.

¡Compártelo!

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin

Newsletter
¡subscribete!

Para estar al día de toda la actualidad empresarial